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El Paseo de los Melancólicos

Cuando me enteré que iba a Stamford Bridge para cubrir las semifinales de la Liga de Campeones entre el Chelsea y el Atlético de Madrid pensé en él. No respira, pero tiene un corazón inmenso. No siente, pero muchas veces padece. Es el ‘Paseo de los Melancólicos’.

Ese barrio madrileño, para mí castizo como pocos. Calles que engullen y protegen el Vicente Calderón. Al sur de La Latina o a escasos metros de la Puerta de Toledo o Embajadores. Un barrio que siempre recuerdo con cariño y un barrio que siempre mantengo, con los que me preguntan o quieren escucharme, es ese que sale en las películas típicas madrileñas. Las castizas.

Ese carnicero, hablo de hace algunos años, de barrio. Esa ferretería que te salvaba cuando se rompía una bombilla. Esos meses primaverales donde el calor te echaba de casa y la cerveza te recibía con una sonrisa, y con tapa, en la terraza enfrente del portal.

Portal con historia; portal con regidor; un Simeone como otro cualquiera. Un colchonero de los pies a la cabeza. Viví los años duros rojiblancos en el inicio del siglo. Esa vuelta a Primera y esos años de acomodo a la máxima categoría. Temporadas donde no costó insertarse entre los elegidos pero que mezclaban tardes buenas con derrotas inesperadas ante colistas.

Debates futbolísticos a la entrada al portal. No pasabas desapercibido para él. Para ese portero que veía a un aficionado al fútbol. A esa persona que le aporta más que la señora con una bolsa de la compra y un nieto de la mano. A un cántabro con el que mantenía algunas conversaciones post partido. Recuerdo que siempre llegaba al mismo cruce de caminos.

Esos años vestía la camiseta del Atlético de Madrid Gonzalo Colsa, cántabro, ex del Racing y uno de los señalados por esos seguidores de toda la vida. Colsa no tenía el estilo ortodoxo de Gabi. No portaba las trazas que puede tener hoy Koke, pero era igualmente un jugador que servía para ese Atlético, yo le mantenía, y nada tenía que envidiar a los Jorge Larena, De los Santos y compañía que ganaban su puesto en el Calderón mientras el cántabro, aún perteneciente a los colchoneros, hacía las maletas en cesiones a Valladolid o Mallorca. Pero yo era el cántabro, el de Santander (para ellos) y por eso la conversación terminaba con un: “Colsa no tiene hueco aquí”. Lo que no sabía por aquel entonces mi portero, es que se lo estaba diciendo a un ramaliego, como se siente Gonzalo, que había sido testigo de que las primeras patadas al balón de ese campeón del mundo sub 20, y no tan malo como ellos pensaban fueron, entre otros rincones del pueblo, en la terraza de mis padres. El fútbol lo llevaba en las venas.

Conversaciones de lunes, de martes… que se quedarán para siempre en el recuerdo. En esas etapas vitales. Un barrio que fue el primero que desembocó en mi mente cuando comencé el camino a Stamford Bridge. El castizo. El de toda la vida. Ese que ayer, seguro, se llenó de sentimientos, de disfrute y de pensamientos felices por el hito conseguido.

Suerte colchoneros en Lisboa, pero sobre todo, que no lo dudo, disfrutar del momento.

Buenas tardes,

Juan Negrete

En Twitter @JuanNegreteGuti

 

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11-M

Desde estas pequeñas y humildes líneas quiero dar un pequeño homenaje a todos los que vivieron y sufrieron aquel día en sus propias carnes. Yo, en cierta manera, fui uno de ellos.

Hoy se cumplen 10 años de aquel 11 de marzo de 2004 cuando unos segundos cambiaron la vida de muchas personas. Esos momentos que rodearon las 07,37 horas dejaron una huella en los familiares de los 192 fallecidos y en muchos anónimos que tendrán esa fecha como un recuerdo de aquello que estaban haciendo cuando se enteraron de la noticia.

Todo pasó muy rápido. Sin reacción. Recuerdo estar en el bus municipal camino de Príncipe Pío y escuchar el tono de mi teléfono. Era temprano y, ciertamente, allí dentro no se respiraba lo que después vivimos. Mi madre llamaba. A esas horas sabes que no es una llamada rutinaria. Había escuchado Atocha y, con acierto, recordó que por mi portal pasaba el número 36 que te dejaba a las puertas de la estación, pero no, yo siempre iba en la dirección opuesta. Como todos los días.

Alarmada, desde la distancia, respira cuando escucha mi voz. Rápidamente, un suspiro de alivio. Al fin y al cabo, yo estaba bien. En ese momento es cuando me entero de lo ocurrido. Una vez más las noticias vuelan y una vez más se demuestra que el que estaba más cerca, en ese caso yo, se entera de algo por la llamada de ese familiar de la lejanía que lo ha escuchado por la radio.

Con esa simple llamada había tranquilizado a toda mi familia. Recuerdo que me encontraba a escasos 100 metros de introducirme en el metro de Príncipe Pío. Imagina qué hubiera pasado si esa llamada de mi madre se produce 3 minutos después y la cobertura evita mi respuesta. No quiero ni pensarlo.

La noticia de las explosiones te deja noqueado. En medio de la ‘isleta’ de la estación. Sin saber qué hacer. Al principio, recuerdo, el instinto me hace pensar que no era tan grave y me dispongo a seguir mi camino hacia la universidad. Yo estaba bien y mi primo Manuel Antonio, al que llamo escasos minutos después, que vivía en Alcalá de Henares, también. Esos éramos todos los familiares que estábamos en ese momento cerca del lugar del caos.

Llego a la universidad y, sin esperarlo, empiezas a darte cuenta de aquello que te va a marcar para el resto de tus días. Allí llegó gente desorientada que se habían enterado camino de clase y que prefirieron llegar para empezar a darse cuenta de lo que ocurría. Gente desesperada que no encontraba a sus familiares; líneas de teléfono saturadas por los acontecimientos; lloros de suposiciones sobre lo ocurrido; y momentos de alivio cuando por fin su padre, madre o hermano, o todos juntos, descolgaban el teléfono y podían mantener una comunicación con ellos. Estaban bien, el tren que habían cogido no era el indicado.

Esas horas de esa mañana del 11 de marzo fueron interminables. Momentos donde valoras la relatividad de las cosas. La importancia que le damos a hechos que carecen de ella cuando ves entrar por la puerta a una compañera desesperada, con lágrimas en los ojos y comentando un simple ‘mi padre no me coge’ o ‘mi madre coge siempre ese tren’.

Lo que pasó después fueron todo emociones. Manifestaciones; usos políticos del terror y atribuciones del atentado para salvar unas elecciones generales que estaban a escasas 72 horas…

Momentos que, 10 años después, siguen intactos en tu memoria como esos días que forjan el devenir de una persona. Como el día que consigues tu titulación; como el día que conoces a tu chica; como el día que…

Madrid, en el recuerdo.

Buenas tardes,

En Twitter: @JuanNegreteGuti

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Un rápido paso por ‘Operación Palace’

Hoy el tema no va de fútbol, ni deporte. Hoy mi reflexión gira entorno a los medios de comunicación y la sociedad que consume los mismos. Ya sabéis por dónde voy.

Hace menos de 48 horas que los españoles se convulsionaron en las redes sociales con el denominado ‘Operación Palace’. A mí me pilló por sorpresa. No lo pude ver en directo ya que, aunque tengamos internet.., los ‘aventureros’ de Rajoy nos olvidamos muchas veces, por el simple cambio horario, de las cosas que vienen de nuestro país. A pesar de ello, y sabiendo que todo era mentira, saqué una hora para analizarlo este lunes y ver qué había pasado.

Mi opinión personal es que Jordi Évole ha intentado hacer ver a los españoles lo que muchos, menos los fanáticos, hoy en día sabíamos: en los medios de comunicación hay mucha manipulación. Y lo ha perpetrado con un: “bobos, cuidado con lo que veis en la televisión porque no nos podemos creer todo”. Manipulación donde los medios son muchas veces cómplices de un entramado más complejo (sino que pregunten a los partidos políticos las razones por las que, una vez ganadas las elecciones, es más urgente llegar y ordenar RTVE que La Moncloa).

Para bien o para mal, la audiencia consume medios de comunicación como mero entretenimiento. Muchos de los lectores de izquierdas saben que manipulan pero leen El País; muchos de los lectores de derechas saben que manipulan pero leen ABC; muchos de los lectores del Real Madrid saben que manipulan pero leen el Marca; muchos de los lectores del Barcelona saben que manipulan pero leen Sport. Y así, con radio, televisión… Nos lo creemos todo, pero nos queremos creer aquello que más nos gusta.

El presentador catalán, como he podido leer, intenta que no se relacione ‘Operación Palace’ con su programa de Salvados. Sale comentando que lo que la gente ve es mentira y pide, más o menos, disculpas sabedor de que ha tomado un camino demasiado sinuoso a la hora de tratar con su audiencia española. Seguramente en algunos lo logrará, pero creo que en la mayoría no. Una sociedad como la nuestra, orgullosa hasta extremos, donde nadie nos puede decir las cosas que hacemos mal, y que en cambio sí vemos en los demás, acabará relacionando y poniendo en riesgo la credibilidad de buenos documentales sociales donde Jordi Évole hacía llegar a su audiencia cosas desconocidas hasta ese momento y que afectaba a la vida diaria de las personas: luz, internet, politiqueo… Por ello creo que se ha equivocado… si lo que busca es la seriedad y el rigor.

Y seguramente el próximo domingo con su entrevista a Pedro J. Ramírez tendrá éxito, pero la audiencia muchas veces no es éxito para el periodista, sino para la persona. Las grandes audiencias no aseguran un calado ‘serio-social’. O Salvados, los de la la vida diaria, o Sálvame. Pero las dos cosas no.

PD: y por hablar de lo mío, periodismo deportivo: hasta hace poco uno de los periodistas deportivos más seguidos en Twitter (medidor de audiencia para muchos hoy en día) es Tomás Roncero. ¿periodismo o espectáculo?

Buenas tardes,

Juan Negrete

En Twitter @JuanNegreteGuti

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¿Crees que Diego Costa es imprescindible para España?

De base sé que es un tema polémico. Sé que muchos lo ven como una reacción hacia un jugador no nacido en España, pero no van por ahí los tiros.

Llevo semanas defendiendo, ahora lo escribo, que Diego Costa no es un jugador para la selección española. No es necesario rasgarse las vestiduras, al menos en estos momentos y de cara al Mundial de Brasil que está a la vuelta de la esquina, para meter, sí o sí, al delantero del Atlético de Madrid en la lista definitiva de un Vicente del Bosque que, ahora, ha reaccionado ante los últimos lances que está tomando todo lo que rodea al delantero nacido en Brasil y nacionalizado español. Sí, lo sé, alrededor de Arbeloa también, pero el jugador del Real Madrid no me quita el sueño en su posible influencia de cara al devenir de España.

No creo que Diego Costa sea un jugador imprescindible en España como para perder de vista otros papeles que toma a lo largo de 90 minutos de un encuentro. No es determinante como lo pueden ser Messi en el Barcelona o Cristiano Ronaldo en el Real Madrid y Portugal. Los de Vicente del Bosque llegan a Brasil con la etiqueta de campeones del mundo. Defensores de un título que se ha logrado por ser fieles a un estilo. A unos principios que no son sólo el ‘tiki taka’, sino que tienen que ver con el respeto al rival… cosa donde el colchonero llega a casa con un claro ‘Necesita Mejorar’ en sus notas.

Imagino que Del Bosque meta a 4 delanteros en su lista definitiva. Pues bien, en el Manchester City Negredo está hinchándose a meter goles, mientras que en Italia, Fernando Llorente hace lo propio en la Juventus, después de un inicio de dudas en el equipo de Antonio Conte. Ya van 2 en la lista. El tercero, pienso, debe ser el asturiano David Villa. Muchos dicen (mis compañeros) que soy un defensor al ultranza del ex del Barcelona porque lo tengo en mi equipo de Comunio. Qué daño está haciendo el Comunio. Yo replico asegurando que no he visto, y muchos de los que me lo dicen tampoco, a ningún delantero español, en vida, de la calidad y el olfato goleador del de Tuilla. No he visto a nadie como él en mis cerca de 30 años de vida. Además, con todos esos ingredientes y que todavía ve puerta con relativa facilidad, creo que parte importante de la base que logró el hito de Sudáfrica tiene que estar defendiendo la estrella en Brasil. Allí tienen que llegar los Iniesta, Xavi, Villa, Casillas, Ramos… Quizá, porque no está al nivel adecuado, hasta me pensaba la inclusión de Carles Puyol. Todos no pueden ir.

Con la inclusión del asturiano ya llevamos 3 arietes que entrarían en esa hipotética lista de Del Bosque. Buscamos al cuarto, y más lejos del ‘boom’ Jesé (ya veremos cómo nos lo intentan meter la prensa ya para este Mundial) recaigo en la figura de Pedro Rodríguez. Delantero para España, que gusta al técnico y que cumple papeles opuestos a Diego Costa, con una parecida rentabilidad en las áreas rivales.

Con ello, quede claro, no cierro la puerta al ex del Albacete, Rayo Vallecano o Valladolid. Con ello quiero hacer ver que tiene muchas cosas que pulir. Aspectos que deberían ser importantes a la hora de valorar una inclusión en un país futbolístico. Principios que no dan goles, pero sí galones. Si mejora esa faceta y sigue marcando, Costa es más que bienvenido. Si no mejora esa faceta pero marca 50 tantos por temporada, como Messi o Ronaldo, Costa es más que bienvenido. Hoy en día, jueves 6 de febrero de 2014, creo, Costa es prescindible.

Obviamente, amigos, si España llega a la final, el rojiblanco está en el campo y anota el tanto de la victoria me alegraré como el que más. Como diría aquel anuncio: yo no soy tonto.

Buenas tardes,

Juan Negrete

En Twitter @JuanNegreteGuti

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Suerte Racing

Dos días después del plante ante la Real Sociedad no puedo dejar de sorprenderme por todo lo que ha pasado entorno a El Sardinero. Desconectado de la información del Racing, en directo, desde enero de 2011, en la lejanía ha sido complicado seguir el descenso de un equipo que paulatinamente iba desapareciendo de la parrilla mediática a medida que Francisco Pernía y su tropa lo bajaban a los infiernos deportivos, y más preocupante tal y como dicen, a los económicos. No han debido dejar ni las manillas de las puertas.

No voy a dar clase de cómo ser racinguista porque no lo soy en la misma intensidad que mucha gente que conozco. Obviamente soy cántabro y viví las clasificación a la UEFA y las grandes noches coperas con emoción. Fui socio en la década de los 90, pero no. Nunca he llorado por el Racing. Creo que no pasa nada por decirlo y creo, es más lo defiendo, que un periodista deportivo tiene que intentar, al menos un poco, estar apartado de todas las emociones que pueden emanar de los aficionados. Para bien y para mal. Tristemente pocos lo consiguen.

A pesar de todo ello, volver a escuchar ‘La Fuente de Cacho’, volver a ver amigos o amigos y compañeros alegrándose de la liberación del conjunto cántabro me ha alegrado tanto o más que el gol de Tchité en San Mamés, histórico para el Racing pese a que muchos de mis conocidos del Athletic de Bilbao no lo entiendan, o esa clasificación para la UEFA gracias al gol ´sospechoso´ de Iván Bolado en la última jornada de Liga.

Santander, siempre, ha sido conocida por su banco (si has estado lejos ese era el TT acerca de la capital cántabra). Me ha llamado la atención en los dos últimos días que Santander ha pasado, al menos por unas horas, a ser conocida por su equipo de fútbol.

Anécdota: ayer tuve la oportunidad de asistir a una fiesta de un compañero holandés. Hablando con otros compañeros (rusa e italiano) y amigos (alemán) salió la conversación típica del lugar de procedencia de cada uno.

Me preguntaban:

-¿De qué zona de España eres?

– Respondía: del norte.

– ¿Qué ciudad hay cerca?

– Santander

Ellos proseguían: Racing, ya he leído lo de ayer o con un simple Racing de Santander.

Como es lógico, la conversación fue en inglés y con los acentos característicos de cada uno.

Suerte Racing

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‘Adéu Rosell, ¿adéu democràcia?’

No se asusten por el titular. No está mal escrito. Está en catalán.

Hoy la noticia es Rosell, y su dimisión, en un Barcelona ‘democrático’ que deja como presidente a Bartomeu, que al igual que la Infanta Cristina ‘no debía’ saber nada de todo lo que ocurría en las cuentas del ‘president’ culé. Pero no, a mí poco me preocupa que se vaya Rosell. Tanta paz lleve como descanso deja un presidente que su única buena aportación al Barcelona, reconocida por el jugador, fue la primera: la llegada de Ronaldinho a un conjunto destruido deportiva, moral y socialmente.

Mi preocupación al respecto es la vuelta a las dictaduras encubierta que ya estamos empezando a ver como algo normal. Las ruedas de prensa sin admitir preguntas, donde tan sólo leen un papel, o panfleto propagandístico, para que las tertulias, periódicos… rellenen horas y páginas en las semanas o meses venideros. No culpo a los periodistas emplazados en la sala porque, tal y como lo viví una vez, no tienen la libertad de marcharse… ya que deben llegar con su corte, boceto del artículo o declaración. La solución nunca será la no cobertura porque los medios juegan con esa connivencia con los poderes, donde un simple ‘plumilla’ no tiene la potestad, pese a ser muy ‘libre’, de marcharse y abandonar la sala donde se va a producir la noticia. Así que no veremos ese abandono.

  • MI EXPERIENCIA 

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Pasó recientemente con Mariano Rajoy, y su famosa pantalla, y pasa en muchos casos, cada vez más numerosos, en el mundo. Siempre que ocurre me recuerda mi primera experiencia en ello. Fue en una rueda de prensa en mayo, más o menos, de 2007. En El Sardinero, campo del Racing de Santander, iba a comparecer Miguel Ángel Portugal e iba a anunciar su marcha al Real Madrid de Ramón Calderón. Allí llegó el burgalés acompañado de su representante, leyó un papel y se marchó a Madrid pocos minutos después. El Racing permitió aquel esperpento y el Racing, de nuevo, le abrió las puertas para que volviera a rellenar su currículum en la máxima categoría en una campaña donde Portugal llevó a los cántabros a las semifinales de la Copa del Rey, por segunda vez en la historia santanderina.

La ‘rueda de prensa’ sin preguntas me dejó boquiabierto, pero ningún periodista abandonamos la sala. Quizá porque no esperábamos esa reacción. Quizá por ‘miedo’ a represalias de poder poner en juego nuestro minúsculo jornal, pero con el paso del tiempo asistimos a nuevos casos y mi preocupación se multiplica.

Los poderosos campan a sus anchas en un país democrático. Sin ningún miedo y con total impunidad. Muchas veces si no gusta lo que ven o escuchan, con una llamada de teléfono solucionan cualquier cosa. Inmersos en el oscurantismo se ríen de la sociedad y nadie, cada vez menos, puede hacer nada.

Adéu Rosell, ¿adéu democràcia?

Buenas noches,

Juan Negrete

En Twitter @JuanNegreteGuti

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El caso Vueling (parte 2)

Este post es una continuación del escrito en el inicio de año en referencia al tema Vueling (os invito a leerlo para tener una posibilidad de análisis mayor de la situación). Lo primero de todo tengo que decir que el dinero del reembolso de los billetes ya está en la cuenta. Después de bastantes llamadas de teléfono… logramos que Vueling cediera y devolviera el dinero que debía.

La sorpresa llega después al recibir la factura de teléfono. Recuerdo que la tarde del 23 de diciembre nos cancelaron el vuelo que debía partir de Londres con destino Bilbao, por condiciones climáticas, y nos dieron la opción de ubicarnos en otros vuelos de la compañía, días después, o reembolso del dinero invertido en el billete. Para ello debíamos hacer una cola en el aeropuerto de Heathrow con el único objetivo de coger un papel donde venía escrito un número de teléfono para comunicarnos con los operadores de la empresa, ya que los pocos trabajadores de Vueling en Heathrow habían desaparecido.

No nos quedaba otra que llamar al 09067547541. Era la única forma de ganar algo de tiempo a las 24 horas escasas para llegar a cenar a Navidad con la familia. Comenzamos a llamar, los alrededor de 200 pasajeros tirados en el aeropuerto, y pudimos recoger, algunos con más facilidad que otros, la posibilidad de devolución del billete o aceptar otro vuelo para días posteriores.

Uno sabe que esas llamadas telefónicas son caras, pero en ese momento no te queda opción. Posteriormente te das cuenta de que, además del dolor de cabeza de no volar, siguen aprovechándose de la gente con el coste de la conferencia. 9 minutos, alrededor de 5 escuchando la típica música de espera, que desembocaron en un total de 24 libras a cuenta del consumidor, en este caso a mí.

Detalle que relato con la intención de hacer ver la desprotección que tiene el consumidor ante este tipo de empresas, estoy seguro que Vueling no es la única, y seguro que servirá a futuros clientes para saber a qué atenerse si le sucede este tipo de casos.

Como dirían en las películas: historia basada en hechos reales,

Buenas tardes,

Juan Negrete

En Twitter: @JuanNegreteGuti

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